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jueves, 15 de junio de 2017

Las adicciones que me has causado

Seguramente no te habrás fijado en el cambio por el que hemos pasado. No te habrás dado cuenta de las adicciones que me has causado, y no sé cómo diferenciar entre sana y enfermiza, porque todas me parecen bonitas. No ha sido al alcohol, ni al tabaco, ni al resto de drogas conocidas duras. Creo que, muy pocos, hemos podido experimentar esta serie de adicciones, pero todas y cada una de ellas con alguna diferencia. 
  •     La primera, la adicción a las sonrisas ajenas. Ésta consiste en querer sacarle una sonrisa a su pareja, amigos, tu propia sonrisa o de cualquier desconocido. Por ejemplo: ''Buenos días, señor'' (Y acompañarlo de una sonrisa).
  • La segunda, la nictofilia. Consiste en la fascinación por la oscuridad. Ya puedes tenerle mucho pánico a la oscuridad, que ésta se va cuando alguien consigue destruir a los monstruos que te atormentaban por la noche.
  • La tercera, la filemamanía. Consiste en la adicción o deseo por besar. Ya sea en la boca, en la mejilla, en el cuello o en cualquier parte del cuerpo.
  • La cuarta y última, por no hacer la lista muy larga, ni muy corta, el hambre de cariño. Eso que estando solos nos daba miedo no tener o que nos lo rechacen, pero al encontrar a alguien, empiezas a recibir y a darlo, pero cuando no lo recibes, por un casual, lo extrañas y teda hambre de cariño.
Comprendiste mi bibliofilia y la añadiste a ti como si fuera de toda la vida. Escogiste lo más sencillo y vulgar antes que lo más brillante, pero te dio igual. Es como comparar un diamante con un pedazo de carbón, pero, ¿Para qué brillar si puedo ser útil como un pedazo de carbón, aun siendo fea y barata? ¿Para qué brillar si, en unos años, mi valor no sería igual? Ahí fue cuando lo entendí todo. Todo lo que viste en mí, todo mi potencial, y has sabido sacar la llama de todo eso.

Ahora, aunque seguimos siendo dos desconocidos para el mundo... ¿Para qué hacer que el mundo nos conozca si solo nos valemos como personas nosotros mismos? A eso me he vuelto adicta, a que me enseñaras el valor de las cosas y que el corazón nunca deja de latir, e incluso, que puede latir aún más rápido.

Me fascina, tu sonrisa, tus historias y solo verte la cara. Me fascina y a la vez me atonta. Porque lo soy. Porque lo estoy. Pero no me importa, me encanta. He visto mil sonrisas y solo la tuya consigue cegarme, no por blanquecina, sino por sincera. Y es que mi café favorito es el color de tus ojos, no por bonitos, sino por expresivos.

Es que me he vuelto adicta y no sé por qué. Quizá porque me diste razones o porque este corazón está cansado y tarde se da cuenta de las cosas.

jueves, 18 de mayo de 2017

Carta de Despedida

    Adiós.
    ¿Por qué en algunas ocasiones es difícil decirlo, a veces duro y a veces una simple forma de despedirse? Algo que se dice con una sonrisa esperanzadora, o también entre lágrimas. Con fondo blanco o negro. Que puede ser dulce o amarga...
    Creo que ahora es el momento. Es el momento de que diga adiós a esa gente que ha desaparecido de mi vida, a esos recuerdos que no vale la pena seguir con ellos toda la vida, pues siguen ahí como una espina clavada en el corazón que ni con agua se va. 
    Creo que ya es mi momento. Es el momento de romper barreras y sentir que puedo con todo sin que me pese en la conciencia. Que puedo superar los obstáculos con saltos kilométricos. Que aunque no tenga la razón para otros, saber que realmente la tengo. Que puedo llegar a pisar esas lenguas que han hablado siempre mal de mí o de la gente que me rodea.
    Creo que es la hora.
    Va siendo hora de dejar de llorar sin sentido.
    Créeme, no es fácil. No es fácil soltar la mano del miedo. No es fácil dejar atrás todo aquello que me ha hecho como persona, pero no hay otra opción.
    Debo despedirme.
    Despedirme de toda esa gente que se han ido definitivamente, que se han ido quizá temporalmente.
    Quizá, si estás leyendo esto, es porque cayó en tus manos por casualidad, porque serás una persona de la cual no quiero despedirme o quizá porque no sabías qué hacer. En estos tres casos... quiero que sepas que no me despediré de ti.
    Lo siento, pero es momento de verme tal y como soy, buscarme y encontrarme entre la nada y salvarme a mí misma. Y no veo otra forma de hacerlo. Si pudiese vender mis recuerdos más malos... podría haber sido más rica que Amancio Ortega, pero ¿para qué? Al final tendría que ir a sitios que había visitado antes y tendría que buscar la respuesta al ''¿Por qué me suena este sitio?''

    Ahora quiero escribir. Solo eso. Centrarme en mis estudios, en la gente que me rodea y realmente se merece seguir aquí, centrarme en los libros que escribo y dejar de ser aquella chica que tenía miedo a perder, a que nada le saliera bien. Pero me he dado cuenta que esa chica ha dejado de existir. Extraño, ¿verdad? Algo que le he prometido a todos y ha ocurrido igualmente sin que me diera cuenta.
    Quiero dejar todo lo que pensé a la deriva, todo lo que he compartido y no han agradecido, TODO.
    Ahora que oigo cómo viene el tren de mi vida a recogerme, debo decir que, a partir de ahora, mi vida fluirá. No planearé nada. Dejaré que fluya. Aunque me vengan decisiones difíciles, dejaré que sea mi corazón el que decida por mí, porque si empiezo a hacer caso a mi cabeza, no llegaría a decidir lo mejor para mí, sino razonaría para que nadie saliera dañado, pero eso se acabó.
    Que todo te vaya bien, aunque no leas esto, ya que eres una persona de la cual me quiero despedir.

Besos y abrazos.
Ariadna.

PD: Adiós.





    

martes, 14 de marzo de 2017

Carta a una vida mejorada.

    Cada día que recuerdes todo lo que fuimos y todo lo que somos ahora será porque intentas sacarlo de tu cabeza, pero no puedes -o no quieres-. Es todo imperfecto pero, tras cada imperfección, hay siempre algo por lo que seguir ilusionada y por lo que decir que en realidad es todo completamente perfecto.
    Si un día no recuerdo el por qué te quería o el por qué te quiero tanto ahora, recuérdamelo, por favor. Recuérdame el por qué me enamoré de ti, por qué cada día me hacía reír y por qué llegaste a hacerme sentir inmortal.
    Irónico ese ''Inmortal'', pues el tiempo nos jode a todos por igual y nada es eterno. Ojalá. E irónico ese ''Ojalá'', porque me mata por dentro al saber que no llegaremos a hacer infinitos, pero he aprendido que hasta un infinito es una cantidad de números, quizá incontable, quizá no. Quizá sea un número justo, de esos que tienen veinte mil decimales, pero que en algún momento acaban.
    Lo que sé que no acaban son las miradas, esas miradas que te dejan sin habla y también sin respiración.

    ¿Quieres saber un secreto? 
    Me puede. Todo me puede, y más si estoy contigo.
    Te has vuelto mi debilidad. Esa bonita debilidad que hace que crea poder con todo y, aunque no sea verdad, sigues ahí, haciendo que mis piernas tiemblen cada vez que me besas. 
    Dicen que una se acerca a la barba que más abriga. Pues yo me he acercado a las manos más frías y, posiblemente, a la barba que más pica. Pero me encanta. Por posible masoquismo, pero me encanta calentar tus manos y acercarme aún más a tu barba. Y que a nadie se le ocurra quitarme esos momentos.
    
    No creo en amores de película, pero sí en los amores literarios. Esos amores que salen de los libros y, que en una película no saben cómo plasmarlo porque es demasiado real para verlo en la vida real. Por eso, creo que nosotros hemos creado uno de los mejores amores literarios y hemos sabido improvisar fuera de las páginas y eso nos ha convertido en los mejores actores de nuestra historia.

    Por último...
    ¿Puedo pedirte algo?
    Si algún día siento que nuestro hilo rojo se ha roto, ténsalo, muéstrame que no se puede romper, que es como el hilo dorado de la vida de Hércules y, ni cortándolo con tijeras, ni aunque quisiéramos, se rompe.